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pobre del cantor

03/11/2017

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Aunque a nadie le importe, porque aquí lo que reina es la inopia, en vísperas de la noche de difuntos nos quedamos sin Daniel Viglietti, que quiso cantar el albor de un hombre nuevo y padeció el rigor abyecto de procaces dictaduras. Laborioso folclorista de verbo incendiario, tierno demoledor de un falso orden asesino, curador y cultivador de las diversas voces del canto americano, Viglietti es ante todo recordado por una locuaz proclama contra el expolio latifundista. Sin embargo, hay en él un agua viva que mana por diversos caños y a mi me gusta ahora recordar su Cruz de luz, punzante evocación del padre Camilo Torres, sacerdote guerrillero colombiano, uno de los primeros teólogos de la liberación. Hubo una vez una Izquierda despierta y armada, solidaria y abierta, valiente y capaz de mirar de frente al enemigo. La derrotaron y hoy un embrollo de rastreros impostores vive de su rédito usurpado. Callar es morir, pero hay quien vive del silencio en su poltrona sindical, parlamentaria y partidista. Cantar es vivir, silbar es volar. Pobre del cantor de nuestros días, que no arriesga su cuerda por no arriesgar su vida y vive de la muerte y del olvido.

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