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cerca de las vías

25/06/2017

Bakunin+a+color

 

De camino a la estación, el hombre pequeño detiene su paso. Lo miro y dice, con voz de flauta dulce tropical:

– Yo no te iba a dejar nunca

Vuelvo la cabeza, buscando a su interlocutor a mi espalda. Pero no hay nadie, es a mí a quien formula la promesa. No lo conozco de nada.

Vuelvo a cruzarme con él, al cabo de unos días y detiene otra vez la marcha, mirándome embelesado. No dice nada, pero yo recuerdo la promesa y apresuro mi llegada a la estación.

Abajo, sentado en uno de los bancos del andén, con el tango metido en las orejas, siento sentarse a mi lado una mujer que carga una bolsa de supermercado. En breve me toca el hombro. Me saco el auricular, la miro.

– Perdone. ¿De dónde es Usted? –pregunta.

Le digo la ciudad.

– Ah, entonces es de aquí. Español –razona, desilusionada.

Asiento.

– Pensaba que era extranjero –acerca la mano a mi cara, bordeando las patillas y la barba, sin llegar siquiera a rozarlas-, tiene cara de extranjero.

– ¿Y usted de dónde es? –correspondo.

– Rusa. Por eso, a verle la cara pensé que a lo mejor…

 

 

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