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cabalga dura

06/02/2017

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Acabamos de comer y, aunque nadie la haya pedido, nos traen la cuenta. Mi acompañante manda un mandoble de pupila a la camarera, preguntando:

– ¿Esto que suena es Chayanne?

– Claro –aclara la joven con una sonrisa de complicidad.

– ¡Pues vaya asco!

– ¿Por qué? –se atraganta- Hay que poner un poco de todo…

– ¡Con la jeta de equino que tiene el tío! ¡Igual que Trump! ¿O es que también le gusta Trump?

La camarera intenta desconectar, centrándose en el cobro con tarjeta, pero mi acompañante no abandona fácilmente un argumento.

– ¿No se ha fijado en la faz caballuna de Trump? Afortunadamente, a Putin le gusta muchísimo montar a caballo. Así que dentro de nada le veremos cabalgando a Trump, así. ¡Mire, mire!

La cuenta hace rato que ha salido, pero la camarera no se atreve a levantar la vista del terminal.

– ¡Será su cabalgadura, así, así, tirándole de los pelos!

– ¿Quieren copia?

Yo, que me estoy descojonando, atino a decir que no, y la chica se va, soltando una ráfaga de risitas que se pierde en el fondo del mostrador. La tarde apunta maneras.

 

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