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la Dual

27/09/2016

rosi

Eminencia Ilustrísima, disculpe la presura de este escrito y el hacérselo llegar envolviendo su chocolatina vespertina, pero son tantos los muros que nos separan, que sólo podía enviarlo con garantías desde esta humilde cocina. El deber que me impone la buena conciencia es advertirle de lo que tantos otros le están ocultando por razones que no me atrevo a exponer en esta fina lámina vegetal.

Hace un año, visitó nuestro Seminario un emisario de la Compañía de Jesús, tan adelantada siempre en el deber de la formación de las nuevas generaciones, y expuso con preclara elocuencia la necesidad de adscribir a nuestros esforzados discípulos a los beneficios instructivos de la Formación Profesional Dual: Ora, studia et labora. De modo y manera que, en el curso que ahora discurre, doce de nuestros seminaristas se han convertido en apóstoles de esta apuesta formativa retribuida y solidaria. Dos de ellos, como bien sabrá, trabajan en la cocina de la residencia de su Eminencia Ilustrísima, alcanzando grandes progresos en el campo de la repostería. Si me halló hoy aquí, a mis sesenta y siete años mal conseguidos, es para sustituir a uno de ellos, que sufre una gripe más malintencionada que peligrosa, y aprovecho la oportunidad para mandarle este mensaje entre el austero rebujo de tan merecida merienda.

No seré yo quién niegue las sobradas ventajas de que nuestros estudiantes trabajen en esta cocina, al igual que las novicias desarrollan una excelente labor como enfermeras en el Hospital de Santa Catalina la Chica, en el que –el Señor me perdone e interceda por este pobre pecador su Eminencia Ilustrísima- las ancianas monjas que hasta hace poco ejercían de cuidadoras estaban, según el parecer de los enfermos, poco católicas, lo que las llevaba a caer en actitudes escasamente cristianas.

Sin embargo, resulta a mi humilde entender harto alarmante que siete de los discípulos desarrollen su labor remunerada acompañando en los exorcismos y encomendando penitencias en el sacro vientre del confesionario. Su juventud y escasa experiencia no sólo perjudica la salud espiritual de energúmenos y pecadores, sino que los está tornando seres injustificadamente altivos y jactanciosos. Por muy mal camino les veo. Tenga a bien visitar nuestro Seminario y podrá corroborar cuanto aquí digo. Se acaba el papel. Buen provecho.

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