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noches de blanco sostén

06/09/2016

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Noelia se negaba en redondo a que se las viera y, de buen principio, pretendía que lo hiciéramos completamente cubiertos por las sábanas. Corría ya el mes de mayo y ahogarse no venía a cuento, así que le fui convenciendo hasta conseguir bajar el lienzo hasta la cintura. Sin embargo, sólo cedía si se dejaba puesto el sujetador blanco y opaco que le escamoteaba unos senos que yo había adivinado gloriosos bajo la blusa, pero que ahora sospechaba que no eran sino el fruto engañoso del relleno. Pellizqué unas cuantas veces la tersa copa sin arrancarle siquiera un gemidito. Me vine abajo y entonces fue ella la que empezó a darme pellizcos y me clavó tal bocado en el hombro que mi furia bien podría haberle abultado la tripa desde dentro -única manera cabal de verle asomar el pezón para dar de beber al sediento-, pero no fue el caso, terminó de vestirse y ya no se dejó ver más por el barrio,. Ignoro sus apellidos y es una lástima porque, con la insana perspectiva que da el tiempo, me doy perfecta cuenta que Noelia sería, hoy en día, la chica perfecta para facebook.

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