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una tarde con Meche

05/09/2016

Carreño Meche

Pasé la tarde arrebatado ante el escopo, saboreando dos títulos rotundos realizados por Rogelio A. González a comienzos de los setenta. De Browning a Fellini, redundando en Alejandro Jodorowsky, el circo ha dado para un buen número de películas crueles y escabrosas, pero ninguna equiparable a La sangre ajena (1971), protagonizada por una corte de desquiciados artistas callejeros, aberrante decantación del imaginario melodramático mexicano mezclado con la teratología sexual del pulp más pringoso.

No faltará quién halle elementos buñuelescos a la historia de esta muchacha violentada por su padrastro deforme e impotente, una suerte de ninfómana a contrapelo, que se entrega a lo más sucio y cafre de la población masculina, sin alcanzar a gozar las mieles del sexo. Sólo su hermanastro retrasado mental conseguirá arrancarle un orgasmo, no sin antes haber abortado de una paliza.

Al año siguiente, la misma actriz de rostro tan anómalo como cautivador, cambia de registro para convertirse en una joven extremadamente atractiva que, a raíz de la ausencia de oxigenación cerebral sufrida durante su alumbramiento, poseerá para siempre la mentalidad de una niña de ocho años. Su candidez enciende la pasión de los machos del vecindario, que le acabarán haciendo un hijo al que ella apenas logrará diferenciar del resto de sus muñecos.

No resulta extraño que Meche Carreño iniciara sus pasos escénicos involucrándose en algunos de los subversivos espectáculos organizados por el mismo Jodorowsky. En las delirantes producciones protagonizadas por la febril artista mexicana aparecen imágenes que veremos reproducidas en la obra reciente del genio chileno. Para el espectador profano, pasar de La sangre ajena a La inocente es salir de las brasas para caer en el puro fuego, un llama viva que ya no dejará de perseguirle, franco e impúdico cachondeo ligado a un paisaje abrupto de descampados, pozos ciegos, cucañas, chabolas y solares en obras. Dante no sabía de la misa la media y Beatriz es un cardo al lado de Meche, nuestra febricitante reina en bolas.

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