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los pioneros y el sexo

04/09/2016

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Llegué a México a través de la música, porque es un pueblo inextricable de sus sones, en el que la música está en la calle y la calle en su música. Después llegaron las mujeres y las películas, un cine verdaderamente popular, enraizado y florecido en la gente, que había ido alterándose siguiendo las mudanzas sociales, de modo que inccluso los pioneros que habían sentado los cimientos de la edad de oro del cine mexicano siguieron surtiendo de argumentos a la sociedad de los sesenta y los setenta, evidenciando cómo se iban trastocando sus materias primas iniciales: lo romántico devenía erótico, el albur, transparencia y la violencia, masacre.

Un gigante, Ismael Rodríguez, llegaba a la década de los ochenta metido en parodias, burdeles y reclusorios. Alejandro Galindo, firme forjador del género citadino, acabaría disertando sobre El sexo de los pobres (1983), y Julio Bracho, a pesar de mantener el compromiso político a lo largo de los lustros, sólo recobraría el favor de la taquilla merced al lanzamiento estelar de una ardiente Merche Carreño en Damiana y los hombres (1967); aunque no sería él el encargado de proporcionar los papeles más desbocados a la nueva diva erótica del cine patrio, sino otro de los maestros de la vieja escuela, que se había destapado en 1951 con El gavilán pollero, estupenda comedia de machos despechados protagonizada por Pedro Infante, al que dirigiría en una serie de exitosos títulos.

Rogelio A. González, que habría de clausurar su filmografía con una chirriante chufla futurista de difícil digestión visual –México 2000 (1983)-, sería el responsable de dos de las cintas más endemoniadamente calenturientas de cuantas conforman la trayectoria, ya de por sí voluptuosa, de Meche Carreño; películas que remiten a los demenciales argumentos de los tebeos y novelas de quiosco, pobladas por madrastras malvadas, padrastros lascivos y muchachas púberes que buscan el amor y encuentran algo mucho más duro. Dos delirantes joyas que merecen, como Carreño, espacio aparte.

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