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bañadera

28/08/2016

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A Roque le gusta vestirse de Miliki, blanquearse el pelo, engordarse la nariz y tocar el acordeón, emulándole el repertorio, mientras Luciana se da un baño espumoso, echando por el desagüe de la bañera toda la tensión acumulada detrás del mostrador de la charcutería. Niños no tienen, pero sí un canelo confiado que les calienta la cama en verano y la alfombra en invierno, uno de esos tusos pequeños y tupidos que acompañan con agudos las últimas canciones, justo antes de la cena. Hasta hace un par de años, los viernes cenaban pajaritos fritos o sardinas de la costa, pero a ella lo sólido ya le cansa y suelen despacharse con una crema de verduras, algún caldito o una macedonia con fruta del tiempo. Hoy, sin embargo, Roque tiene preparada su sorpresa. La música que llega a los oídos de su esposa no la está tocando en este instante, la grabó hace unas horas para poder colgar las guirnaldas, banderines, carteles y globos. Tampoco lleva puesta la bata roja, sino un traje blanco a medida, zapatos del mismo color y una pajarita azul con aires marineros. Sobre la mesa, agua de Valencia y ensalada de atún. El perro ha cenado temprano y se ha echado a dormir, ya lo despertarán a la hora de los postres, para la foto.

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