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el gran enemigo

27/08/2016

Torero velo

Como Belmonte, tenía Luis Procuna un mentón firme y pronunciado, capaz de hacer del rictus enseña. Protagonizó, a mediados de los cincuenta, la que sigue siendo para muchos la mejor película de la historia sobre el mundo del toreo; un largometraje, a caballo entre la ficción y el documental, dirigido por el gallego Carlos Velo que, antes de exiliarse a México, se había formado como biólogo, proporcionando a Luis Buñuel las hormigas que aparecen en una de las escenas más célebres de Un perro andaluz. A ambos les unía la pasión por los insectos.

Torero! recoge a Procuna en plena crisis. Nacido en la miseria, el toreo le ha proporcionado dinero, fama y familia. Y, ahora, el temor a perder lo ganado le impide volver a jugarse la vida en el ruedo. Durante su fase de aprendizaje en patios, campos y capeas, había descubierto que en la plaza hay que dominar dos enemigos: el toro y el público. Pero en este trance se da cuenta de que existe un tercer enemigo: el miedo que emerge de la conciencia del propio torero, ese terror que tan bien había sabido dominar Manolete -junto al que había inaugurado la Plaza México en 1946-, sin que ello impidiera que un Miura le reventara el triángulo femoral, llevándoselo a la fosa.

El matador hace recuento de su vida en el trayecto en coche que le lleva desde su casa hasta el coso más grande del mundo, donde va a reaparecer después de que la prensa y el más voluminoso de los enemigos, que es el público, hayan especulado sobre su falta de implicación y valentía.

Una primera faena desastrosa termina con la imposición de una multa vergonzante, a la que el diestro responde regalando un último toro al público, Polvorito, de la ganadería Zacatepec, cuya bravura le permite realizar su lidia más apoteósica, cortando orejas y rabo, para ser luego paseado a hombros hasta el centro de la capital, en una celebración que no terminará hasta bien inaugurada la noche. Si se les ofrece ver Torero!, no lo duden, en esa película Luis Procuna regala un toro.

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