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grandes marcas

24/08/2016

jabalete

Bebo una Moritz servida en una copa fría de Estrella, sentado en una silla que lleva en el respaldo el logotipo de San Miguel. Tres marcas de cerveza amparan mi receso en esta terraza, justo cuando el sol comienza a endulzar su luz y se vuelven preferibles los sabores salados, que agrandan la sed y aligeran el ánimo, liberándolo del pesado lastre de la vergüenza y el decoro. Sobre las mesas de familia se combinan las tapas con los bocadillos, las cervezas con los refrescos. El camarero deposita un cubo con seis quintos y una de bravas entre la carnosa brasileña y su novio de cabellos desmadejados. Qué alegría haberse olvidado el móvil en casa, despegarse del tiempo durante unas horas. Otra birra, un platillo de olivas o cacahuetes, quizá unos morros, ojos para mirar y, sobre todo, oídos para perderse en ese revoltillo deslavazado de mundos paralelos. Agosto se agota, pero la vida palpita aún caliente en la calle, como el corazón de un jabalí derribado por un dardo, en plena carrera.

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