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intrigas obreras

22/08/2016

fuego calles

Aunque unos obreros franceses llenaran el exiguo metraje de la que suele considerarse primera película de la historia, la clase trabajadora sólo acostumbra a llegar al cine por el patio de butacas. Un puñado de oficios mejor o peor pagados –policías, militares, médicos, abogados…- acapara la inmensa mayoría de los argumentos y muy pocas veces son los peones, jornaleros u operarios quienes protagonizan la trama, bajo el manido precepto de que el público recurre al cine para evadirse y lo último que quiere es tropezarse con las amarguras de su vida diaria.

Tal vez por ello saboreo con esta mezcla de amor y admiración cierto tipo de películas que proliferaron en Gran Bretaña, a caballo entre las décadas de los 50 y los 60, levantadas sobre contundentes intrigas que delataban los problemas laborales de los empleados más desprotegidos. Cy Endfield –que más adelante se involucraría en la dirección de un film sobre Sade con guión de Richard Matheson- realizaba en el cincuenta y siete un trepidante drama de acción y suspense protagonizado por un camionero en situación ilegal, explotado por la empresa de transportes, con secuencias de carreras ilegales que, aún hoy, siguen provocando vértigo en el espectador.

Guy Green dirigiría tres años después Amargo silencio, que exponía, desde un punto de vista conservador, el calvario de un obrero que se niega a ir a la huelga, contra la voluntad de los dirigentes del sindicato. Y, al año siguiente, Roy Ward Baker se haría cargo de Fuego en las calles, en la que el conflicto laboral viene dado, ante todo, por el racismo que dificulta la incorporación al trabajo de los inmigrantes negros. Los problemas en la fábrica se complementan con el recelo con que familia y vecindario afrontan los amoríos de una maestra inglesa con un apuesto colega jamaicano. Sólo tres ejemplos de algo que hoy resulta casi imposible de ver en el cine de sobremesa y cartelera. Será que ya no existe la lucha de clases o, simplemente, que no quedan demasiados cineastas con clase.

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