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Tere

08/08/2016

montesbaha

 

Pocas cosas me cortan tanto el rollo como oír a una chica hablarme de su novio. Sin embargo, contigo es tan distinto. Desde que nos presentaron en aquella playa y te pusiste a contar que él no había venido porque estaba viendo el tour en televisión, empezaste a enderezarme la manivela. Cierto es que eres rotunda, el sublime fulgor de tu escote y los bajos tirantes de tu falda ponen alegre a cualquiera; pero saber que él se queda en casa sorbiendo el pedaleo a parpadeos mientras tú embelleces el mundo, me llena de ímpetu el invento. Ayer, cuando me explicabas que seguía tumbado en el sofá, combinando la vuelta a Burgos con el circuito en carretera de las olimpiadas, no podía parar de embestirte. Qué bien le han de quedar estos cuernos, puerto a puerto, control a control, mientras lo hacemos a contrarreloj en este ascensor de lata. ¿Qué te parece si el sábado alquilamos unas bicis y nos perdemos por el parque? Hay un par de hondonadas hasta donde sólo llega la sombra.

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