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cemento seco

28/07/2016

Rana

Hace unos años resultaba imposible transitar por Madrid sin tropezarse con zanjas, andamios y vallas, en pleno descarrilamiento de la edificación y las obras más o menos públicas. Ahora la ciudad huele a polvo de cemento seco. Colmada la especulación, se llevan a cabo mil y una reformas en viviendas particulares, y hay que estar al tanto de no chocar con algún albañil que entra o sale de cualquier portal, trajinando material o cascotes. En algunas calles desiertas, donde han bajado la persiana todos los negocios, pronto esplenderá el foco sofocado de nuevas y tóxicas ambiciones. El círculo se cuadra siempre frente a la pirámide.

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