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fe de viuda

02/07/2016

vaterin

Pinito, mi vida, que cosa más inhumana es la muerte, dejar de tenerte entre los dedos y echar el resto cumpliéndote la última voluntad. Cenizas son tus carnes tan preciosas. Me quedo sólo con tu tabaco y tu quiniela que, el día que toque, se va a cagar la perra; mandaré hacerte un retrato de cuerpo entero o, mejor aún, una pintura de esas de calle que cubra toda la fachada de la casa, que te verá toda la parada del autobús. Lo otro que me quedaba eran nuestras bolitas del amor, que tanto te gustaba meterte y meterme, limpias como perlas bruñidas. Las he encajado, como me hiciste prometer, en el váter del Bar Orlando, donde van a ver mil culos en una semana, sobre todo ahora que empiezan las vacaciones y tanta gente coge el tren a todas horas. Son como ojos de vidrio reposado con esa mirada que tú ya no tienes. El primero en sentarse he sido yo, pero no me ha salido ni duro, ni blando, ni siquiera un chorrillo de oro. Sequito me tienes, jodido y con el luto taponándome las tripas.

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