Skip to content

la broma electoral

21/12/2015

democratik

 

Un tipo llama a tu puerta y te endosa una notificación de la junta electoral en la que te condenan a presidir una mesa el día de las elecciones. Sólo te indican que debes personarte en el local designado a las ocho de la mañana. Nadie da señales de vida, hasta dos días antes de la fecha en cuestión no recibes el Manual para los miembros de las mesas electorales. Aunque ya te lo has descargado de internet, no te das por aludido, le tienes el mismo respeto a las instituciones que el que ellas te guardan.

En el manual se indica que debemos comprobar el material electoral, pero los responsables de la administración dicen que ya lo han comprobado ellos y, con el poco tiempo de que disponemos, sólo podemos corroborar que nos han entregado la documentación necesaria y “precintar” las urnas con cuatro pegatinas de fácil despegue y repegue.

Se señala que “el acto de votar es personal e intransferible, por lo que el elector no puede ser representado por otra persona”, pero se deja introducir el voto a los niños –teniendo incluso más de un sobre de cada en las manos- y, si delatas la ilegalidad, te miran como a un ogro. En los ratos muertos –cuando se está jugando la final del mundial de clubs o a la hora de la siesta- se empiezan a rellenar las actas, dejando en blanco los resultados, porque aquí lo importante es darle carnaza a los apoderados y los periodistas e irte a cenar lo antes que puedas.

Así que, cuando se dan por cerradas las votaciones, todos se abalanzan sobre la primera urna y empiezan a abrir sobres. Cuando le recuerdas a los representantes de la administración que “abierta la urna, la Presidencia de la Mesa extraerá, uno a uno, los sobres, los abrirá y leerá las papeletas en voz alta”, etcétera, etcétera, te miran como si fueras gilipollas, cachondeándose y siguen abriendo los sobres y apilándolos a su rollo. Tanto en las elecciones del congreso como en las del senado. Apremian a rellenar las primeras actas, las cogen y salen pitando para proporcionar los datos a sus superiores –hay que medrar-. Así que uno va tan lento como puede, para devolver la pelota, y hasta escribe con su letra, que es fea y difícilmente inteligible. ¿Para qué más esfuerzo?

Al final, después de diversas situaciones propias de esta tierra de calamidades, se llenan los tres sobres finales a la desesperada, y aunque el manual indica claramente, entre otras muchas cosas, que “las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad acompañarán y, si fuera preciso, facilitarán el desplazamiento” del presidente a los Juzgados para llevar los dos primero sobres, mientras que uno de los vocales “debe permanecer en el local electoral hasta que se efectúe la entrega del número 3 al empleado o empleada del servicio de correos, que firmará el correspondiente recibo”; mientras firmamos las solapas de los tres sobres, los representantes de la administración desparecen, gritando que, como los de correos no van a venir, lleve yo solito los tres sobres al Juzgado.

Así que nos quedamos con la sola compañía del personal de limpieza. No tendrán excesivo trabajo, los avispados han hecho acopio de todo el material de oficina. Cojo los tres sobres y los recibos, salgo del local y pienso si tirarlos al lago que pilla de camino o defecar copiosamente encima de ellos. La tentación es grande. Pero los entrego mansamente a una panda de funcionarios bien alimentados y vuelvo a casa pensando que, en España, el proceso electoral, como la democracia en general, es una broma de mal gusto.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: