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Paloma

19/10/2015

paloma

Paloma, mimbre de carne, se comba y enarbola, clava el tacón, taconea, rasga el suelo con la puntita del pie, requiebra, gira y gira, dibujando con los brazos figuras y espacios que sus dedos culminan, agrandan, alargan, transmutan y deforman. Bajo focos deficientes que llegan tarde a sus geometrías arbóreas, se crece, uterina y marmórea, retando al público llano que no entiende de estas cosas. Paloma se enciende a ratos, llamarada larga y corva, pero casi siempre conserva todo el fuego bajo el vientre, manantial de agua caliente que insinúa, desafiante, separando las piernas, bronca, como fiera encabritada, sultana canalla y hermosa, con alas rojas de chal sobre oscuro vestido de sombra, que realza sus zapatos colorados, último eslabón terrenal que el bordón, sumiso, arropa. Desnuda la ve mi fe, pezones negros, ombligo largo, terciopelo negro entre rubores de nardo y rosas, gacelas, ciervos y el feroz furor de la loba.

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