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las verdades y los templos

09/10/2015

benjaminbiblioteque

Hay biblias de bolsillo y mártires de dormitorio, enormes catedrales y elementales templos de cuerpo presente. Tal vez por eso nunca he terminado de comprender que nadie llegue a aseverar que tal o cual cosa es una verdad como un templo, existiendo pagodas diminutas e iglesias repletas de falsificaciones. Pero ya se sabe que una mentira repetida se impone sobre la verdad de cualquier hombre aislado.

Hace diez años se estrenó un sencillo documental titulado Quién mató a Walter Benjamin. Podía gustar más o menos y ser sometido a cualquier crítica plausible. pero creo que, cuanto menos, debe admitirse que argumentaba con cierta claridad que no existe una sola prueba documental que corrobore el supuesto suicidio de Walter Benjamin en Portbou, recalcando un dato incontestable: No existe ninguna postal de despedida escrita de puño y letra por Benjamin, sino, en el mejor de los casos, lo que tenemos es una nota escrita de memoria por una de sus acompañantes en el paso de la frontera, un escrito de pocas líneas redactado por la señora Henny Gurland –futura esposa de Erich Fromm- después de haber atravesado el océano.

Pese a ello, la pasada semana, para conmemorar el septuagésimo quinto aniversario de la muerte del pensador alemán, en Portbou se celebraron varios actos, entre los que cabe destacar la inauguración de una placa que reproduce “la última carta que Walter Benjamín escribió a Henny Gurland y Theodor W. Adorno”.

¿Quién necesita los datos, prodigándose por dondequiera las elucubraciones? ¿Por qué investigar las fuentes, teniendo a mano un caudal de reverberaciones? ¿Para qué la realidad, existiendo la leyenda? Huyendo de la muerte, Benjamin cayó en la jaula del suicidio que hoy, como cualquier agente armado, impone su hegemonía con una placa. Otra verdad como un templo.

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