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un lento proceso de suplantación

26/09/2015

pollonitis

Hoy se cumplen exactamente cuarenta años de los últimos fusilamientos llevados a cabo bajo la dictadura franquista, con la connivencia del entonces príncipe Juan Carlos de Borbón y de los voceros de la prensa. Diarios como ABC jalearon con jactancia las ejecuciones, mofándose de las protestas que se alzaban, desde las capitales europeas, contra un régimen cuya inminente metempsicosis había que sellar con sangre.

Los condenados habían sido sometidos a consejos de guerra que no habían respetado las garantías más elementales, acusados de actividades terroristas y agresión a la autoridad, con resultado de tres muertes de agentes armados. La presión circundante había forzado el indulto de seis procesados –cuatro hombres y dos mujeres- en vísperas de las ejecuciones, pero otros cinco fueron fusilados por miembros de la guardia civil y la policía armada.

La mañana del sábado 27 de septiembre de 1975 fueron ejecutados, en Hoyo de Manzanares, Ramón García Sanz, José Luis Sánchez Bravo Solla y José Humberto Baena Alonso, integrantes del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota. Juan Paredes Manot (“Txiki”), miembro de Euskadi Ta Askatasuna, fue fusilado en Cerdanyola del Vallès, mientras que su camarada Ángel Otaegui Etxebarría caía abatido en Burgos.

El juicio sumarísimo contra los miembros del FRAP había empezado el jueves 11 de septiembre y el preconcebido para condenar a ambos etarras, ocho días más tarde. ¿Dónde andaban entonces los nuevos héroes de la patria? ¿Estudiando económicas o aprendiendo a hacerse pasar por comunistas?

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