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la libertad me llena la boca

25/09/2015

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Nada más conocerte, me asaltó súbita una idea obsesiva y recurrente: la libertad. La libertad se convirtió, de pronto, en mi único objetivo, mi sueño exclusivo, mi primera y última vocación diaria. La libertad de madrugada, al amanecer, por la mañana, a mediodía, por la tarde, en pleno ocaso, a medianoche… La libertad en casa, en las calles, por tierra, mar y aire, en el confín de la galaxia y en el fondo abisal de la más honda falla, en el vientre del volcán y sobre la cumbre más alta, sobre los montes de Venus o en los cráteres de Marte. Si mañana me llevaran al patíbulo, la libertad sería mi última voluntad, mi última cena. Si agonizara en mitad del desierto, la libertad me consolaría como el postrer espejismo, el más dulce engaño. La libertad nada más verte, la libertad hasta la muerte.

Si cambias “la libertad” por otra expresión, si transmutas “la libertad” por “follarte”, tendrás una idea más aproximada de lo que pretendo decirte, de lo que, en realidad, vengo a explicarte.

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