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los arrebatos patrióticos

21/09/2015

anoluces

En este país, la turba no se sacude el caciquismo espiritual ni atiborrándose de Matrix. Cada vez que alguien se sale del chiquero irreflexivo, desmarcándose de ufanos patriotismos y disintiendo frente a vetustas instituciones de origen autoritario como la monarquía y las fuerzas armadas, asoma el hocico el coro de ciudadanos ejemplares que vociferan reclamando el escarmiento económico inmediato. Así se suspenden contratos de artistas disidentes y se ningunea a los que se iba a contratar.

Ayer, la grey de cráneos bullentes se apresuró a reclamar que no se otorgaran premios y subvenciones a Fernando Trueba por haber manifestado su nula adhesión a esa españolidad radiante con que tantos se llenan la boca y los bolsillos. Poco importa que esa ristra de majaderos ignore por completo su trayectoria como guionista, director y productor, aventurándose a calificar de mediocre al máximo responsable de El año de las luces, El sueño del mono loco o Belle Époque –por poner sólo tres ejemplos-, y que acusen de parasitar el erario público a quién se ha ocupado de buscar la financiación de sus propios proyectos desde el primer corto, dirigido en el setenta y cuatro.

Tampoco merece la pena entrar a valorar el palmario desconocimiento que este hato incandescente manifiesta poseer sobre una obra fílmica prolongada y coherente que siempre ha abogado por los valores republicanos y librepensadores. Está claro su nulo interés por el cine, la cultura y el debate ideológico. Lo que resulta verdaderamente preocupante es que tamaña bandada de orates presuponga, como algo natural, que para trabajar, ver reconocido tu trabajo o acceder a los fondos públicos destinados a la creación, debes agachar la cabeza, pasar por el aro y dar por bueno todo aquello que convenga al poder hegemónico y a sus instituciones.

Bajo ese patriotismo de chaquetilla hueca se esconde un gastado proverbio: No muerdas la mano del que te da de comer. Probablemente ellos prefieran comerle otro apéndice a quienes puedan darles chicha, recreo y picadura. ¿Quién narices va a tener ganas de sentirse español con semejante panorama?

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