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pájaro de nieve

29/08/2015

gatopajaroinv

Soñé con un gato que abría las páginas de los libros y cazaba, en ellas, palabras secretas. Su cola rozaba el respaldo de mi silla al deslizarse y paseaba los bigotes por los bordes del cenicero en que vacío la calderilla. No tengo cenicero y apenas calderilla, pero el gato me escrutaba con esmero, adivinándome el nombre y las ganas. Subía desde la calle un suave aroma a chocolate caliente y desperté con la dulce curva de tus hombros marcando el horizonte de mi pobreza. Te veía ir y venir, del mar a la tumbona, en esa playa llana asaeteada por el azul de densas sombrillas. Lejos, cerca. Lejos, cerca. Lejos. Todo era azul como mis ojos y claro como tu risa. Me dio por llenarme de pájaros la cabeza, porque en una cabeza caben todos los quehaceres cotidianos, los rudos ademanes de los monstruos, paisajes habitados y desiertos, caminos, túneles y puertos, niños, jóvenes y ancianos… Caben caballos alados, loros mudos, cerdos muertos, policías honestos, ladrones honrados, bastos bloques de cemento y tristes reyes destronados. Venus no se halla sino en mi cabeza y aviva mi fuego el deforme Vulcano, mientras un pájaro de nieve, dormido, alunado, enfría con su canto todo lo que he soñado. ¿Se hiela el fuego? Se quema la nieve entre mis manos.

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