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Gómez Montagnac

14/06/2015

23ej

Primero de su promoción, con las más altas calificaciones en materias vinculadas a la inteligencia y a los tres ejércitos, Gómez Montagnac impartiría lecciones a quienes habían sido sus maestros sólo un año después de acabados sus estudios. Genio indiscutible de la estrategia militar y diplomática, pronto habría de convertirse en invitado habitual en las reuniones organizadas por el estado mayor y el jefe del estado. El mismo soberano le apremió a diagramar su propio apartamiento institucional y Montagnac lo hizo con tal celeridad y astucia, que el mandatario no tuvo más remedio que aplaudirle y convertirle en su primer secretario.

Su fama caló y se extendió, siendo requerido en numerosas cumbres y congresos, hasta que Alcibíades Ontañón, por puro divertimento, le ofreció un desmesurado capital a cambio de simular, de manera fáctica, su derrocamiento. Montagnac pidió una excedencia en sus cargos, viajó a Centroamérica y realizó una gira de golpes de estado, derrocando primero a Ontañón y después a los soberanos de Venezuela, Costa Rica, Guatemala, México y Paraguay.

Declinó la invitación de norcoreanos y rusos, y pasó una larga temporada en Japón, hasta regresar a su patria, donde prosiguió con sus esmerados servicios oficiales. El Boletín Oficial del Estado publicó una nota que dictaminaba –a petición suya- la incompatibilidad de su cargo con los servicios públicos o privados en otras naciones. Pese a ello, esas navidades, le fue permitido dar su nombre a un juego de estrategia que conocería varias versiones: rol, mesa y videojuego desarrollado para diversas plataformas y soportes.

Con su asesoramiento principal, el país no conoció enfrentamiento armado alguno y, aunque todos estuvieran convencidos de su infalibilidad para alcanzar, en cuanto se lo propusiese, la jefatura del Estado, nunca dio ese paso.

Su nombre sirve hoy de reclamo a una academia, un aeropuerto y al galardón estudiantil más prestigioso de Iberoamérica. Sus cenizas fueron enviadas a Neptuno, planeta que posee un mar con su nombre, dado que fue el primer hombre en presagiar de manera fehaciente que albergaba vida inteligente.

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