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un velo rojo

10/06/2015

arrebat

Me han invitado a una boda. La novia tiene un busto victorino y el novio corrige defectos de forma en un palacete consular. A ella la tuve una noche besándome el vientre, al él lo he visto en foto y bajando de un taxi frente al Edificio España, donde los semáforos parece que van a ametrallarte a pitidos hasta fundirte en el ardor helado de un velo rojo. Ella me agrada porque nunca toma té y fuma más despacio que su reflejo en el espejo. La madrugada que cubrió mi tripa de besos, tocó el piano en calcetines y me hizo prometer que jamás susurraría su bolero a ninguna otra. Mientras yo mentía, mi reflejo asentía en el espejo. Tampoco es verdad que piense acudir a su boda. Tengo más hambre que sueño.

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