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matado y bien matado

20/01/2015

comimerd

La situación es de aquellas que se le atribuyen al bueno de Kafka, un círculo vicioso, un pez podrido que se muerde la cola. Se silencia su existencia, se intenta evitar su emisión a toda costa y, cuando no queda más remedio que emitirlo, se le amputa una secuencia. La misma televisión pública que continuó emitiendo la propaganda que prohibía exhibir cautelarmente un juzgado de mayor rango, no tiene ahora reparos en acatar las órdenes de un polizonte corrupto en connivencia con jueces untados. A pesar de la burda amputación, la corrupción institucional queda perfectamente definida: especulación inmobiliaria, negligencia policial, un ayuntamiento que suelta a sus lacayos del orden pecuniario para dar caza, torturar y enchironar a falsos culpables con el fin de ahorrarse dinero, puestos y explicaciones, manteniendo el plan de limpieza y negocio al orden del día. Un programa a medio y largo plazo fundamentado en la complicidad necesaria entre los funcionarios de las distintas instituciones, las policías, los jueces y los medios de comunicación, que dicen y callan cuanto les sea ordenado. La corrupción institucional queda perfectamente definida, sí, pero aún hoy, después del clamor en las redes, las manifestaciones callejeras y la fingida indignación de ciertos voceros que conocían perfectamente lo ocurrido, esa misma televisión cierra cuadro y se pregunta quién tiró la maceta. Menos da una piedra. No importan las víctimas, la propiedad municipal del edificio; no interesa saber que esa basura fofa y repugnante que acabó dirigiendo a dedo la ciudad diera la orden de erradicar las pruebas periciales, que esa carroña cana que llegó a ministro cambiara versiones a su antojo, que un bastardo con bigote se dedique a falsear sistemáticamente los atestados desde el gran pelotazo del noventa y dos, que los cuerpos policiales torturen asiduamente a los detenidos e inventen pruebas para humillarlos, que los médicos apoyen la versión oficial, que los magistrados pisoteen los derechos del ciudadano y conviertan la apelación en fuente de castigo añadido. Lucro, violencia, podredumbre, pleno asentimiento institucional a las vetas maestras de la dictadura, desde el negocio del ladrillo a la herencia colonial. Pero a los medios, que son cómplices y no testigos, ahora les importa quién tiró la maceta. Ciudad muerta, desde leugo, en la que todo está matado y bien matado. El sistema no tiene fallos, el fallo eres tú que piensas, vives, vistes distinto.

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