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La cuesta de enero

12/01/2015

redenrio

En enero de 1990, Estados Unidos prorrogaba por la fuerza su hegemonía sobre el canal de Panamá, después de la salvaje aniquilación navideña de civiles que sirvió de ensayo general a la primera Guerra del Golfo, inaugurada el 16 de enero del año siguiente. A partir de entonces, los pérfidos antagonistas de Hollywood dejarían de ser guerrilleros latinoamericanos, imponiéndose el perfil arábigo, con excepción de la residual mafia rusa y los narcos mexicanos, que guardan el imperio desde el Sur (paredón sin después).

Todo es ya global, el capitalismo es uno, ahogando bajo su peso toda conciencia de lucha de clases. El antiguo bloque soviético mira también hacia oriente para señalar al gran enemigo: el primero de enero de 1995, el ejército ruso toma Grozni, la primera guerra chechena vive su apogeo. Entretanto, los servicios estadounidenses capturan a Ramzi Yousef en Islamabad. Algún día todos hablaremos de Al Qaeda. Yousef es sentenciado a cadena perpetua el 8 de enero de 1998, casi un año antes de la entrada en vigor del euro que habrá de vaciarnos los bolsillos.

El último día de enero de 2006, una amenaza de bomba obliga a evacuar la redacción del periódico danés Jyllands-Posten, que había publicado una docena de caricaturas de Mahoma. La diplomacia danesa y noruega abandona sus sedes en países islámicos y territorios palestinos, al verse convertida en objetivo de la guerra santa. Un mes después, Charlie Hebdo reproduce las caricaturas del barbado elemento y es demandado por la comunidad islámica francesa.

El 4 de enero de 2010, Dubái inaugura el edificio más alto de mundo, ocho días antes de que Haití sufra el seísmo más devastador de su historia reciente. Está por llegar un eclipse. El 2 de enero del año siguiente nos domestican aún más con la segunda ley anti-tabaco, mientras el planeta se arrima al máximo al sol y se inunda Australia. La presunta revolución popular que lleva un mes agitando la sociedad tunecina se traspasa casualmente a Marruecos, Argelia, Egipto y Yemen. El día 24, un atentado suicida atribuido a un grupo islamista checheno causa 35 muertos en el aeropuerto internacional de Moscú.

Naciendo 2012, se revelan nuevas formas de vida en las profundidades de la Antártida y descubren raras especies de tiburones híbridos en Australia. Los medios enfocan los frentes islamistas de Irak, Siria, Somalia, Nigeria y Pakistán. Mientras en el Mediterráneo embarranca el Costa Concordia, Boko Haram comienza a imponerse como nueva letanía periodística.

El 11 de enero de 2013, el ejército francés entra en combate en Malí para atajar el supuesto avance de Al Qaeda. El último día del mes, estalla la Torre Ejecutiva de Petróleos Mexicanos. Como había acontecido veintinueve años atrás —tras las explosiones que calcinaron a más de medio millar de personas en San Juan Ixhuatepec—, nadie depura responsabilidades.

El 16 de enero de 2014, un relámpago hiere al Cristo redentor de Río de Janeiro; al día siguiente nace “Podemos”. Durante el primer trimestre de ese año, la emigración de ciudadanos judíos franceses a Israel aumenta en un setenta por ciento. Se sienten amenazados por el integrismo islámico y el auge de la ultraderecha y la izquierda antisemitas.

Veo poco, pero lo poco que veo me enfrenta a un mundo de cerdos, criminales y cretinos, cuya única labor es fomentar odio y miedo para guardar una viña cuyo vino se fragua pisoteando hasta la sangre a los de más abajo. Mañana me dirán que no puedo volar si no imprimo mi alma en un documento y pasado me pedirán que denuncie a mi vecino.

¿Por qué los noticiarios han hablado todo el tiempo de periodistas muertos? ¿Por qué han negado a las víctimas su condición de dibujantes? Lo que se ha querido matar no ha sido sólo la libertad de expresión, ha sido el humor, la risa que, junto al erotismo, es lo que nos distingue de las alimañas. Una religión que prohíbe la risa es una religión de putrefactos difuntos.

Charlie Hebdo fue uno de los escasos ejemplos de solidaridad abierta y declarada con aquel olvidado diario danés, en un momento en que casi toda Europa miraba para otro lado. Transcurrida una década, Jyllands-Posten no se atreve a devolver el favor por miedo a ser masacrado. Debe de ser la diferencia entre dibujantes y periodistas, entre humoristas y voceros del miedo.

Vence la autocensura, el eufemismo y el dramatismo de teleserie (seguid perdidos).

¿Por qué en los noticiarios se pasó de puntillas sobre la condición judía del supermercado en que se asesinaba a cuatro rehenes? ¿Por qué nadie habla de la demostrada conexión entre extremismos, cuando resulta evidente que integristas islámicos y neonazis reman juntos hacia la misma orilla? ¿Por qué esa izquierda ramplona que sale a la calle con pañuelos y velitas, comparando Israel con el Reich, evita denunciar también ahora el antisemitismo?

Métete en la mente del criminal y razona quién saca tajada de todo esto, quién te venderá sus servicios, quién te pedirá más por menos, quién te hará sentir feliz por ser distinto, por vivir protegido tras rejas y paredes, alejado de esas hordas de salvajes que, casualmente, actúan dónde florecen minas de mineral, petróleo, esclavos y droga. Ellos arriba, el resto abajo. Ellos marcan la agenda, de enero a diciembre, de septiembre a agosto, de la Escuela de las Américas a Guantánamo, pasando por Argelia y Ciudad Juárez. Pero en algo, cuanto menos, coincidimos: como a mí, Mahoma, Cristo y Abraham a ellos les importan una mierda.

[Publicado en El Butano popular el 12 de enero de 2015]

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