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Cavernícola

23/03/2014

sonia

Hoy ha venido Sara Mary a ordeñarme. Los miércoles se inauguran con el tacto de sus mitones de lana rodeándome el tallo, como si fueran a prender un laborioso fuego cavernícola. Me figuro el techo salpicado de mamuts, bisontes y gacelas, de estirados cazadores armados con lanzas enhiestas, puntiagudas, y el tallo se alza como un ofidio encarnado. Es por eso que pienso en Sara Mary como en una sigilosa encantadora de serpientes que sabe hacerlas bailar, en perfecta rectitud, hasta sacarles todo el veneno. Dicen por ahí que es más puta que las gallinas, pero lo único que la emparenta con las putas es su maestría al poner los huevos rebosantes como cocos henchidos de espuma. Los mitones se los teje un délfico conserje de colegio mayor, que pasa el altozano matinal reconvertido en sastre de pies y manos; un gallego polifónico que agudiza mucho la voz en sus atinados vaticinios: Josete notable, bien, bien, aprobado, suspenso, excelente, notable, excelente. Natalia aprobado, bien, notable, suspenso, excelente, excelente, aprobado, excelente… Y las manos entrecruzan la lana, dándole la forma de una mano a medio hacer, con la misma destreza con que Sara Mary me acomoda y maneja. Cuando brota el borbollón de nata encendida, presiona y palpa los puntos que marcan el orden ascendente y, vaciándome de excesos, se vuelve de espaldas muy serena. Introduce los mitones en la bolsa adecuada y se retira sin decir una palabra. Los dos sabemos que volveremos a estar juntos dentro de siete días. ¿Cuántas sierpes encantará en ese periodo? Ni el conserje lo adivina. Todo son suposiciones. Algunos aventuran que, una vez al mes, baja a Gibraltar para hacer negocios. Otros aseguran que sube hasta Andorra. Yo me quedo a veces intuyéndole las tetas debajo de ese grueso jersey de cuello altísimo y, aun siendo dos, me parecen muchas. No hay manos que puedan ordeñarlas.

[Publicado en El Butano popular el 23 de marzo de 2014]

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