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Patata

10/03/2014

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Ocurrió en un auditorio de Valencia. Presentábamos un documental. Me habían pedido un currículum y lo improvisé a mano, en el tren que viajaba hacia el sur, bordeando la costa. Siempre tuve mala letra. La directora de aquel centro cultural presentó a mi compañero – el director del documental – como si fuera el mismísimo Visconti, y a la hora de darme a conocer a los medios locales, no acabó de descifrar mis cuatro líneas manuscritas y me convirtió en eminente autor del guión de un largometraje imaginario titulado Patata. Mi amigo y yo no sabíamos a dónde mirar, mis dientes serraban la lengua, me pellizqué varias veces el muslo y logré que el descojone fuera únicamente interno. Desde entonces, siempre he deseado ser el autor de una película, novela, zarzuela o canción llamada Patata, no tanto porque – como cantó el trío coñón – el hombre sea un derivado del tubérculo subterráneo, como por la opulencia de significados de un vocablo que ha adquirido para mí los atributos de un formidable fetiche. La patata es el corazón y es el coño – ¿quién lo duda? -, nada hay si no hay ni patata. Da nombre a uno de los mejores colegas de Richie Hitler y queda muy pintona en el Museo Van Gogh y al amparo colorista de Minnelli. Grillada y mustia, sirve de prenda a teratológicos amores medievales, y embutida en recipientes de cartón se convierte en mensajera de ese pensamiento único que ahora mismo te mantiene pegado a la pantalla. Cuando la patata se calienta demasiado tienes un problema: que si patatín, que si patatán, acabarás pagando el pato, te dará un patatús y estirarás la pata de puta madre, echando la pota que lo petas. Pásame un piti y escóndete el pito, que no te hago un pete porque no soy puto. Me va el potorro, pa’ que te enteres. Menudo tute le doy al toto de las titis, aunque a veces me piten los oídos.

– Pito, pito, gorgorito, ¿dónde vas tú tan bonito?

– Al Mundial, a hacerme rico.

– ¿Aún más plata? ¿Y el Barça del Tata?

– Ahora es el Barça Patata. Nos zampan como quieren sin admitir fe de erratas.

– ¿Y si alguno da la lata?

– Diremos que es mala pata.

– Menuda excusa barata.

– Lo que no te engorda, mata.

– Pobre Tata.

– Di Patata – ¡Click! ¡Flash! ¡Click! -, que luzca bien la piñata – ¡Click! ¡Flash! ¡Click! -, que este Barça lo que vende ya es nostalgia.

– En África, Arabia y Asia. Pero, ¿es club o inmobiliaria?

– Es la canción del pirata que, aun a falta de una pata, con el cofre siempre escapa.

– ¡A la isla Tiqui-Taca!

– La que el fisco garrapata nunca pesa en su balanza. Ni a Cristiano puso en danza, por ser la esperanza blanca.

– La justicia es ciega y manca. Y este mundo una cloaca en la que abundan las ratas de dos patas.

¡Click! ¡Flash! ¡Click!

– ¡Di patata!

[Publicado en El Butano popular el 10 de marzo de 2014]

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