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flor de viento

14/02/2014

Robinson-Crusoe-521156

Nada quedará de todo esto. La silla, la mesa, los papeles, los libros…, flor de viento. Nada permanecerá conmigo. Ni yo mismo seré, ni tú tampoco, se deshace la vida entre los dedos. No hay agua que apague la llama del tiempo, ni alcohol que la avive con vigor suficiente, capaz de calcinarlo todo en un momento. Recuerdo una noche en que te tuve tendida sobre el vientre, desnuda y caliente. Tu aliento perfumaba mis ojos que miraban, hechizados, hacia dentro. Eterno supe ver aquel momento que se fundió en un instante, sin saberlo. Saber y no saber. Perderlo todo. A veces la vida se queda en los huesos y, aún entonces, fastidia el esqueleto, porque hay calamidades que anidan y penetran hasta el tuétano. Mi carne la comiste muchas noches, mi sangre bullía en tus adentros. Comulgamos con rueda de infortunio que quebró, al parecer, muchos espejos, sin dejar una luna en que mirarnos desvestidos de odio y de recuerdo. Para este sucedáneo de vida yo no sirvo, para el quehacer diario, la oficina, el taller, el presupuesto. No se me da bien vender, servir, ni contar cuentos. Sé poco de números, hablo lo justo y, cuando hay que aplaudir, suelto un bostezo. Me llevo mal con el teflón urbano: el funcionario enguantado, el artista pedante, el exangüe académico. Sé que, allá en la selva, moriría, no estoy hecho a su rudo fundamento; pero quizás la muerte a la intemperie sea mejor que ahogarse, tan despacio, en este inmundo y feo sedimento. Aquella noche en que, dulce, gravitabas sobre la masa esponjosa de mi cuerpo, debiste agarrar firme el cuchillo y tatuarme una sonrisa a ras de cuello. Así no escribiría tonterías, esta mugre vulgar que aquí te dejo. A estas alturas, seguro has entendido que hoy valgo ya lo mismo vivo y muerto.

[Publicado en El Butano Popular el 14 de febrero de 2014]

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