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un eco de colombiana

26/01/2014

Colombiana

 

El hombre es vago por naturaleza, prefiere recordar a imaginar, repetir a crear, regresar a seguir. ¿Cuántas veces has escuchado la misma canción? ¿Cuántas has vuelto al mismo bar, la misma mesa, la misma esquina? El mundo que habitamos consiste ya casi exclusivamente en eso: reverberar, regurgitar, repetir algo de lo bueno y todo lo malo.

Colombiana es un eco de buena parte de lo bueno que puede encontrarse en el legado de Besson, poblado por huérfanas que buscan venganza en un mundo sucio, dominado por la corrupción del poder viril. Trepidación, obsesión, pundonor y ajuste de cuentas, con imágenes diáfanas arrancadas del cómic y la estampa japonesa.

Mientras uno la ve, experimenta un raro incordio, un extravagante desasosiego al gozar de la incontestable acción, mientras se duele del refrito. Nada de lo que contempla es fresco, todo remite a enclaves de una mitología pulp ya degustada en numerosas ocasiones. Y, sin embargo, el gusto le puede al disgusto, aboliendo el sentido crítico para potenciar el conformismo hedonista.

He aquí un Megaton que esconde un Besson domesticado en el que, sin embargo, aún restallan algunos apuntes de locura, como esa pareja de tiburones atrapados en el azul diminuto de una piscina, y esa hembra, cuya modelada anatomía queda siempre vedada, como se nos priva, en general, de todo lo nuevo.

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