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le doux cou de Bambi

20/01/2014

Bambi

 

Habrá quien le eche la culpa a Truffaut, pero este gusto francés por determinados refinamientos hitchcockianos hunde raíces en una tradición de largo alcance. Así que no debe sorprendernos la existencia de tramas hospitalarias como ésta, cuyo dédalo de deslumbrantes pasillos y foscas frondas encierra el acoso a una rubia carnosa y aturdida, que se desmaya y sueña con la intempestiva frescura de un coco recién caído.

El ojo sigue sin descanso la claridad de su nuca, dulce cerviz de cervatillo en la que –vampiros que somos- presentimos el calor de su sangre imprudente. Su ogro -su lobo malcarado- es un lacónico amante de pacientes entregadas al sueño de la droga, bellas durmientes narcotizadas a las que observa, palpa y destruye, penetrando en su infortunio a través de un felpudo aserenado.

Jeringas, agujas, sondas y quirófanos…, la pesadilla de cualquier hipocondríaco descafeinada por la ausencia de inquietudes mayores. Pero aprendemos, al menos, que vestirse de gala para una velada amorosa hace más bella la inevitable cita con la muerte. Ojitos de querubín, bebe de este vaso y soñarás conmigo una y mil veces.

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