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de Coello a Coelho (pasandito por el cielo)

02/01/2014

Operacion Ogro

El ogro subió a los cielos acabadito de comulgar, con las culpas recién lavadas y ese algo en la mirada que guardan los presidentes que, aún matando a muchas gentes, tienen la vida ordenada y una agenda ejemplar. De capìtán de corbeta a objetivo de la ETA, quién podía imaginar que los Dodge volaran, aparcando en azoteas, descabezando raleas de raigambre militar.

Cuántas veces hemos visto la imagen en noticiarios que se venden de fiar, sin que nadie puntualice que se trata de un montaje, filigrana del trucaje, que el cine vino a amortizar. Un artista madrileño y un director toscano consiguieron, con ingenio, echar el coche a volar. Mas luego, los periodistas, echaron mano del vuelo, dándolo por verdadero, con cariz documental. Y la misma televisión, pública y nacional, que censuró la película, en marzo del ochenta y nueve, de manera harto ridícula, sus imágenes remueve e inserta en el telediario de las nueve, trocando lo falso real.

Del vuelo del almirante a la mentira reptante del coruñés carcamal, han pasado muchas cosas, deleznables y penosas, haciendo de España el orinal donde vierte la derecha y la izquierda se aburguesa, vendida a la patronal. Camadas de hijos de puta, con recetas de autoayuda que nunca sirvieron de nada, salvo para dar la patada a la ignota libertad.

De la Armada al petrolero, a velocidad de crucero, sin que nada pase ya. Hoy los coches ya no vuelan, ni las flores ametrallan a la carroña real. Hilillos de plastilina, bodas, sobres y engañifas, infamia y mediocridad, son el pan de cada día en una nación que se humilla, despojada, al capital.

Vendeos bien, sed los mejores, aprended muchos idiomas, competid para ganar. Charlatanería fresca, psicología de empresa, inteligencia emocional. La imbecilidad discurre, sin compuertas que interrumpan su curso institucional, regando los latifundios de esclavos bien adiestrados que su recto han de brindar a las babas de la bolsa y la pica liberal.

Bombas, que no palabras, explosiones chimobayas, precisamos por acá. Que en las sedes milagrosas, donde desaparecen las cosas, echen coches a volar. Un revuelo de autos locos, una autopista celeste, entre Génova y Ferraz, que nos devuelva al presente las gónadas pertinentes que perdimos al votar.

De ahí el sincero homenaje al vuelo del ogro que, arriba, podéis admirar, diseño sereno y maestro de Pere Koniec, triunfal. Disfrutadlo con holgura, pues que todo prefigura un futuro ritual que, con llamaradas vivas y canoras despedidas, mandará el mundo a rodar.

 

 

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