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contra un calefón

20/12/2013

Mateo Morral

A finales de octubre me invitaron a dar una charla junto a un grupo de estudiantes de dramaturgia. Hablamos de la amoralidad como respuesta a la autocensura a la que estamos sometidos y, al final del encuentro, les propuse un ejercicio. Acordándome de ciertas palabras referidas a Bolaño, les animé a escribir un texto en el que se expresaran sin miedo alguno, como si, al escribir, ya estuvieran muertos o el resto del mundo no existiera.

Pasadas las semanas, volví a encontrame con la chica que me había invitado a dar la charla y me comentó que nadie se había prestado a hacer el ejercicio, que ahora mismo andaban metidos en otras lides, debatiendo sobre el uso y la expresividad del cuerpo femenino, tratando de sacarle el jugo a cierto pasaje turbio de Bertolucci.

No me sorprendió, desde luego. Al fin y al cabo, nadie hace nada como si ya estuviera muerto. Menos áun escribir. Yo creo que lo he hecho algunas veces y el camino cae siempre hacia abajo y sin retorno. Sin embargo, en estos tiempos criminales, en que se mata y se roba en nombre de los niños, lo único que nos queda es escribir como si ya hubiésemos muerto. Eso es lo que leeréis aquí desde este punto, la única señal de que sigo con vida.

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