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diálogo para verdugos

20/11/2013

Besugo

— ¿Mariano?

— ¿Sí?

— ¡Mariano!

— ¿Qué quiere?

— ¡Me cago en tus muertos, Mariano!

— ¿En el del Ferrol?

— ¡Y en el de Villalba! ¡Y en el de la Granja de San Ildefonso! ¡Me cago en toda tu raza, sarna leguleya!

— Oiga usted, se escucha muy mal y mal del todo. Haga el favor de hablar por la otra línea.

— ¿Por cuál? ¿La de la Concepción? Esa está congestionada.

— No alcanzo el silabeo, me llega sólo un bufido como el gemido de una gaita pavesa.

— Con tus tripas de reptil encapuchado me hacia yo una gaita, Mariano.

— Aquí no gastamos butano. El gas al natural, como el derecho y el berberecho de Arosa.

— Si te pegan un tiro hago verbena, gusarapo mierdero.

— Para guapo ya tenemos a Albertito. Yo me cuido todo lo que me permite la ecuanimidad y el buen gobierno.

— Te aserraba el tronco después de desarbolarte y fundirte en aceites de la cepa hispana.

— Nada, nada… Si Anita quita la seguridad social, viene Albertito y la pone ciudadana. Somos el perpetuo equilibrio y el jubileo del manso.

— Os empalaba a todos en un asador con la bandera en el culo y la carta magna en la boca. ¡Que llueva un magma de vitriolo sobre vuestra progenie!

— ¡En Áulide! ¡En Áulide! Sólido sustento de la tercera pata de mi mesa camilla. Allí aprendí lo bien que sienta un cambiazo. Del azul de la camisa al de los carteles, del águila a la gaviota, del Pardo a los pardillos…

— ¿Y a la puta de tu madre por qué no le pusisteis ninguna multa?

— Los ultras para el fútbol. Nosotros ya sabemos dónde estamos, a dónde vamos y cómo llegaremos.

— Ojalá te hubieran abortado en un arrozal, junto al inmundo facineroso de los trajes. Así vieran estos ojos cien carreroblancos reventando a cielo abierto y un tribunal de gatos arañando las entrañas de vuestros compadres callados, ciegos, lambiscones.

— ¿Mariqué? ¿Cómo se atreve? Es de hombre ser varón y de hembra usar faldón, como mi padre. Que el tongo, con la toga, aprieta, pero no ahoga. ¡Y siempre aboga!

— ¡Así te encuentre la aurora frío, yerto y sin aliento! ¡Así amanezca toda tu gente y aúlle un proverbial coro de perros el hedor efervescente de vuestra podredumbre!

— Lumbre, lecho y pan, en casa del hombre recto, no faltarán.

— ¡Mariano!

— ¿Qué?

— Muérete o que te maten.

[Publicado en El Butano Popular el 20 de noviembre de 2013]

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