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nicotina

18/06/2013

nicotina

Yo lo que quiero es comerte la boca, me dijo la niña en vestido de noche, y sentí las cenizas de nuestro futuro consumiéndose en lo alto del paladar, aguja gótica de mis demonios angulados. No importaban los ojos ajenos, porque el mundo sufre siempre de cataratas y el Niágara, con sus dos monumentos, se deshace en la pendiente de la muerte, convertido en un río sin retorno. Tú no comes con los dientes, pequeña, tu devoras con la lengua, Nessie que entra y sale, en furtivas maratones, de las vagas cloacas de mi cuerpo. Salivas por dos sitios -por abajo engulles, por arriba regurgitas-, pequeño monstruo convertido en calabaza. De nada serviría que te diera un cuchillo, no sabes comer con cubiertos, desconoces las más elementales normas de urbanidad. Amarte es ofrecerle la nuca al verdugo, la garganta al vampiro, la espiga a la guadaña. Siéntate a mirar como boqueo, tendido y sin aire, en la árida arena.

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