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en el cielo y sin esquinas

14/06/2013

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Mira, Boniato, si comes alpiste, no te quejes luego de que te llamen pajarito. Aquí todos saben que te dejaste los huevos en el nido, cuando batía su oleaje el mar de la juventud. Todos comimos tortilla y, desde entonces, adiós muy buenas. Y es que siempre has sido el tonto en todo. El tonto del pueblo, de la clase, de la fábrica, de la familia…, y la familia crece que te crece, como la basura en el vertedero. Dime tú qué coño hace tu hermana moliendo café a las siete treinta, que nos despierta a todos con el rugido del trinchado. A todos menos al sordo de tu padre, que se desvela con los efluvios de la cafeína. ¿Qué le cuesta molerlo al terminar la cena, para tenerlo listo a la hora del desayuno? Pero con tal de acostarse pronto y que le endilguen el bollo, esa es capaz de hacer moltura a las cinco. Que siempre le ha perdido el catrelo, la delatan las caderas y los morros. Yo que la he visto soltarse las enaguas, ya te digo desde ahora que es mujer de coño aparatoso. Campanea una vaina molsa, de esas que flirtean siempre con las inflamaciones, rica en pliegues carnosos y con el rojo subido. Y, arriba, le salta ese par de pezones zumbones, renegridos, que sueltan la leche en un chorro bífido. La de biberones que le he visto llenar con un embudito, para no calarle la rana al morapito. Ese crío es cojonudo, lo único salado y valeroso de esta casa. El otro día va y pregunta: “Tito Juaca, ¿tú sabes dónde esconde las chuches la mama?”. Y yo, que no se mentirle, le aclaro: “No las esconde, se las jala, como el melón y los churros”. Y el zagalín que rumía. “Si come tanto, debe de hacer mucha caca.” “Eso depende de cómo ande de alambiques, churrino. Hay quien come mucho y saca poco, y quien casi no prueba el pan y se pasa el día mojando la taza.” ¿Te acuerdas de cuando quiso salir a la última cacerolada? ¡Qué porrazos pegaba el sinvergüenza! Y cada vez que soltaba un castañazo, aprovechaba para gritar: ¡Puta! ¡Clonc! ¡Puta! ¡Clonc…! Mientras miraba a la Tere, la de enfrente, que la pobre no tiene de puta más que la pena de estar yendo y viniendo por la calle. ¡Buf! Con lo que a mí me cansan las aceras. Aunque lo que de verdad no tolero son las esquinas. Maldito el puto Taras Bulba que las inventó. Gilipollas, ¿no ves que la distancia más corta entre dos puntos es una recta? Pues, ¿por qué coño gastas cuadrícula? Yo me he pateado avenidas enteras para no tener que doblar las cochinas esquinas, flor de putiferio. ¿Por qué te crees que vivo aquí arriba? ¿Has visto alguna esquina mientras subías? Que el único tonto aquí no eres tú, Boniato. Todo el mundo es idiota. Fíjate en las películas de persecuciones, que estrellan ochenta coches para que se salve el del bueno. Y todo son curvas y esquinas, esquinas y curvas. ¡Hazla recta, tío mongo! ¡Run! ¡Run! ¡Run y siempre para delante! Sin parar, sin frenar, sin hostias. Pero a ti esto qué más te da. Si nunca te ha gustado el cine, el arte, la cultura… Quitan las subvenciones y tú tan fresco. ¿Que cierra el Cefilón? Tú con tu cerveza y boquerones en vinagre. No te acuerdas ni del nombre de los actores, ni del título de las películas. Vienes aquí para que el perro suelte cuatro morcillas y un chorretón y, hala, para casa. Y como tú los hay así, a millones. Yo no sé para qué sirvió la Segunda Guerra Mundial, si todo lo malo se ha quedado. Ahora, eso sí, yo ahorro cada mes mis cuatro billetes y, en cuanto saquen los anuncios del turismo espacial, me monto en el transbordador, me hago con los mandos y no me volvéis a ver en la vida. Come alpiste, come… Y lo más chistoso es que no dices ni pío.

[Publicado en El Butano Popular el 14 de junio de 2013]

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