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desosados

12/05/2013

fosacomun

El del seguro de los muertos pasaba el primer sábado de cada mes. Salía yo a pagarle la cuota y metía el recibo en una caja de hojalata, como la que usábamos para guardar las fotos. Pasaron los años y también apuntamos a la nena. Para entonces ya se cobraban la aisgnación a través de la cuenta. Cuarenta y cuatro años pagando… Cuando me ingresaron, le dije a la nena que se fijara bien en el banco, no fuera a ser que devolvieran algún recibo y no quisieran hacerse cargo. Pero estaba todo al día, me pusieron la corona y el cajón, imprimieron las estampas y sacaron la esquela en el diario. Lo que más me gustó fue la lápida, con la virgen rezando y un marquito de aluminio con mi foto del día de la comunión de mi nieto. Al principio me ponían flores cada mes, luego cada año y, últimamente, nunca. Ya pensaba yo que no debían de marchar bien las cosas en casa pero, cuando vi que colgaban el aviso de embargo en el nicho y nadie pasaba a recogerlo, entendí que iban aún peor. Lo cambiaron dos veces y la nena sin venir. Se conoce que nadie paga el alquiler y ya tengo aquí a esos señores destapando mármol y madera, para vaciarme donde deben de enterrar a los que no pagan. No sé qué harán con la foto. Aunque venga hoy mi nena a verme, ya no me encuentra.

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