Skip to content

tres pisos

01/04/2013

reeves_n

Acabábamos de comer media tortilla de espárragos cada uno. El vino se me había termindo enseguida y compartimos una lata de cerveza. Lo único que no recuerdo es el postre. Había que llevar el espejo desde casa de tu madre hasta la tuya y hacíamos tiempo para que ella ya no estuviera. Me invitaste a un café en el bar de enfrente y la vimos esperando el autobús que la subía al hospital. Entraste en el ascensor antes que yo, esquivando un charquito que manchaba el suelo metálico. El espejo nos esperaba en el pasillo, envuelto en una sábana vieja. Acariciaste la perra y salimos enseguida. Dos manzanas, el metro, tres calles más y las escaleras de cuatro pisos. Llegó entero y lo colgamos en tu cuarto. Fui al baño y me invadió el penetrante olor a espárrago de mis propios orines. Vacié un par de veces la cisterna, me lavé las manos y al salir, oí el silbido de la cafetera. Te llamaron por teléfono, pero no lo cogiste. Te dije lo que podíamos hacer y te echaste a llorar. Tus zapatos estaban tirados junto al revistero. No tenías espejo, pero sí un revistero. Eso lo explicaba todo. Lloraste un poco más y no hice nada para evitarlo. Te pusiste los zapatos para acompañarme a la puerta. Tras de mí oí el cerrojo y el teléfono. Supongo que esa vez sí contestaste. Bajé todo lo rápido que dieron de sí mis piernas y, en la calle, detuve un taxista al que sólo pregunté la hora. Mientras me iba alejando bajo los toldos, oí con fruición todos los insultos que debería haber vertido en tu cara.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: