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marrón y blanco

23/03/2013

jessica

Tus ojos claros, niña de mimbre, arden desnudos sobre una duna de escorias. Llevas llorando toda la tarde lágrimas lentas que a nadie ocultas. Pisaste con trémula inquietud tu secreto cementerio de gorriones, donde el viento no se atreve a agitar sus alas blancas y callan para siempre las oscuras pasiones. Entregada a una ordalía sin testigos, conociste la verdad de lo ocurrido. Viuda te viste, virgen de luto, y en el desierto buscaste una entrada al infinito. No volarás, tu alma es de plomo y fundirla te hundirá en un mar de resentimiento. Cabezas y más cabezas. Una maleta y un abrigo.

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