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bujías

19/03/2013

Hamlet

Con la cabeza en las nubes, llena de pájaros, y el corazón en boca de los lobos, vengo ha cantarte la última nana. Las pulgas volverán al calor despegado de las mantas y los piojos a la cabeza de los niños, crepitará de nuevo la leña en los hogares y olerán a lejía las escaleras y los suelos. A nadie importarán demasiado las cloacas y, tras los somieres, oirás ladrar los perros de los huertos aledaños. El tren tiritará, verde de olvido, entre una niebla escarchada de ojos grises y, desde el taller mecánico, verán pasar un viraje de sombras atrapadas tras los vidrios. Las farolas se irán apagando, poco a poco, hasta que ninguna claridad se vierta en la negrura de las calles. En la sucia oscuridad sólo criarán las ratas. Sabrás entonces que anoche ardí, hecho pedazos, sobre la sábana desgarrada de una cama en ruinas, con sus pechos derramados en mi cara y un murmullo ahogado de televisores. Y, con ese miasma de carne que no se desea obturando mis ciegos sentidos, cavé un hoyo en el aire, donde enterré tu mísera vergüenza. Ya no saldrás nunca de este bestial laberinto de antenas que se yerguen hacia dentro.

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