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certidumbre

06/03/2013

Lups

Los muertos bailan solos en la lavandería, ensordecidos por la bruma opaca de los tambores giratorios. Las baldosas se resquebrajan poco a poco, trazando dibujos enigmáticos e incongruentes. Los fluorescentes renegridos estallan cada tres o cuatro días, oscureciendo cada vez más esta agonía de pies descalzos, como si una mano rabiosa, pero paciente, fuera estrangulando la trenza del tiempo hasta dar con la última vuelta de tuerca que la quiebre de cuajo y lo suma todo en la tiniebla. El programa es eterno, nadie conseguirá jamás hacerse con su ropa. Cada uno danzará con su disfraz de podredumbre  hasta fundirse en un obsceno mar de lava oscura que llevará el nombre de la próxima víctima.

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