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Dos

01/11/2012

Ahora puedo decírtelo, porque ya no importa nada lo que pase. Nada es lo que era, ni será lo que debería haber sido. Yo querría vivir bajo otro techo, asomarme a otra calle, otro cielo…, que esa luna grande que hoy cargo sobre mis espaldas no pesara tanto como para hundirme más y más en ese asfalto hediondo del que ya no se sale nunca. Quisiera que todo fuera de otro modo y nosotros los mismos de aquella noche extraña en que tú no pesabas nada y yo era capaz de sustentarlo todo. Aquella noche horizontal, en que hasta los vasos sabían que decirnos, supe que la felicidad no podía ser otra cosa más que eso. ¿Cuánto duró aquello? No lo sé. Allí empezó a vaciarse mi vida, como un globo herido por una púa infinita, y ahora ando como un Atlas lunar, cargando esta fatiga celeste. Otro techo querría, otra intemperie.

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