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convocatoria

01/10/2012

Una docena de ratas se ahogan en el pozo de tus entrañas, no saben muy bien a qué vinieron ni por qué el agua, sólo saben que se ahogan. Rebuscas entre los papeles rotos y arrugados de la papelera, bajo la mesa en que escribes, y tu mano percibe que ese tacto ya no le pertenece, que las páginas rasgadas, los resguardos rotos, los tiquets y las etiquetas ya no forman parte de su mundo. Prefieres pensar en otra cosa, un bosque en que sólo vale ahorcarse dentro de la copa de los árboles, la piel de una serpiente, un dinosaurio. No crees en los dinosaurios, únicamente en las serpientes y las ratas. En la papelera queda tirado el estuche de tus gafas, detrás irán tus ojos, tus esperanzas.

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