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despertarse

17/09/2012

 

La cama se ha levantado a las siete, dirigiéndose a la ducha. Por el camino se ha llevado dos puertas por delante y ha destrozado la mampara. El agua no le ha sentado nada bien y ha dejado el comedor perdido en el tránsito de secarse. Se ha asomado al balcón, peinado por una innecesaria brisa fría, y se ha puesto a llorar, como tantas veces, pensando en su hermana mayor, desaparecida hace tres años. Cuando ocurren estas cosas, trato de olvidarme del olvido y desayuno sólo un vaso de leche templada, mientras oigo a la vecina pasar sus uñas de cría contra la puerta del piso, antes de tomar el ascensor que la obliga a descender al infierno de su instituto. La cama la ve alejarse desde el balcón, cercana ya al resuello de los autobuses. Suena un silbido azul que nos separa.

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