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piedra

05/09/2012

Despreciable y abyecto Doctor Wallenstein, me veo en el penoso deber de comunicarle que su hijo Michael ha quedado convertido en piedra y, como usted mismo podrá comprobar a través de las fotos y grabaciones que le envío, sólo conserva algo de vida en la mirada. En el momento de iniciar nuestra oprobiosa vuelta al mundo de la infamia, ya le comuniqué con toda claridad mi falta de confianza en las capacidades del muchacho. De aquellos polvos nos llegan hoy estos lodos solidificados. Buscaré el mejor modo de hacérselo llegar en sus actuales circunstancias. Por el momento, reposa en la bodega al amparo de cuatro nobles cocodrilos. Su hermana ha llorado mucho, pero por ella no debe preocuparse, le ofrezco todo el consuelo del que dispongo y estoy reforzando en ella, a modo de distracción, su innato talendo a la hora de reproducir los graznidos y demás sonoridades propias de las aves de presa. Tiene unos pies muy bonitos que desprenden un suave y seductor olor a queso.

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