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conocer mundo

30/08/2012

Ahora mismo me pinchan y no lo noto. Las ganas que tenía de hacer este viaje con el Saul y con El Peceras, a todo tren. Aquí en París hay unas piscinas que no te las acabas y no sabes cómo están de ricas las hamburguesas. Por el río no paran de subir y bajar barquitos que, de noche, sueltan una musiquita vieja que te imaginas que van llenos de trompetistas y gente de esa. Hemos entrado en una tienda muy chula que era como un súper, pero sólo de quesos, y te dejaban ordeñar una vaca. Era de goma, claro, pero una señora que sí quería leche, apretaba el tetal y llenaba la botella a granel, chorrito a chorro. El Peceras se ha comprado unos caseríos, pero de aquí. Un moro que pasaba me ha dicho unas cosas que no se le entendían, en plan ligoteo, y el Saul le ha saltado los piños de dos codazos. Hemos salido por patas, yo con mi culo gordo de tanta hambuguesa y caserío. La torre Eiffel no me ha molado nada, la verdad, demasiada chatarra, y al Saul le ha hecho gracia que me la pasara, así, por el coño. Pero todo lo demás de puta madre. A lo mejor el viernes vamos para Montecarlo a ver los casinos, pero sólo por fuera, que al Peceras ya sabes como le flipan las maquinitas y se deja el sueldaco. Está muy cachondo y a las pavas las pone todas rojas como tomates. Con decirte que se sacó el pepino en medio el metro. Gordo lo tiene. Lo mismo te interesa para cuando vuelva. Amor.

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