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La de Oros

17/05/2012

 

Cuando tangueabas la rúa,

como un pingo, desplumá,

te arrastrabas a mis botas

suplicando caridá.

Pero ahora que es domingo

y ya llevas tu rebozo,

me desdeñas y me humillas

como si fuera tu mozo

y con talle de bacana

me llamás so carcamal.

 

No te acuerdas de los días

y las noche milongueras

que me pulieron la plata,

la vergüenza y el consuelo,

arrancando la guirnalda

de mi pobre dignidá.

Me chupaste hasta la sangre

con tu boca tentadora

y ahora que nace tu aurora

me apuñalas con maldá.

 

Yo no sé si soy idiota

o la desgracia me acompaña,

sólo sé que esta mañana,

al verte doblar la esquina,

muy dentro del corazón

sentí clavada una espina.

Camarero, ¡su propina!

Que con esta nueva copa

me la tengo que arrancar.

 

Penca, pingo,

chorra infame,

que pagaste mi bondá

dejándome triste y solo.

Si ya no tenés moral,

si no conocés el decoro,

yo te digo con certeza

que vos sos la de oros,

la de oros!

la de oros!

La más grande Salomé.

 

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