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madera pintada

07/11/2011

 

Soledad en un bar con sillas de madera pintadas con un simulacro de tablones añejos. Tú sumergida en anacardos, no se te puede tocar hasta haber devorado el último de ellos. La bañera no es pequeña y mi apetito no es el hambre. Tendrás que esperar. El día se alarga gastado y descosido sobre butacas de tren en las que viajan seres –como yo- conectados a otros mundos, ojos cerrados y dedos que se enlazan acariciando un play. Exteriores fríos, elegancia cero. El azar se invalida a si mismo. Una voz bajo farola, un cambio súbito de dirección en la mirada, dos besos y evasivas. Tacones. Un vacío obtuso en la memoria. Miserios del don perdido.

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