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hasta las seis

01/11/2011

Desconocía este parque, un bosquecillo domado en plenos barrios altos. Acaba de empezar el otoño y lo transita poca gente. Vamos a un rincón en el que poder sentarnos, junto a una caseta que, de lejos, parecería albergar unos lavabos. Quizá por eso, el enclave resulta ser menos tranquilo de lo esperado y, a cada rato, aparece algún sospechoso solitario que se frustra al comprobar que no, que no hay allí ningún urinario en el que desaguarse. Cambiamos de lugar, nos sentamos en un banco, algo desconchado pero limpio, con un fondo de trinos variados. El sol comienza a declinar, asomando su ojo de fiebre entre las copas de los árboles. Nos iremos a las seis. Metro y horas.

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