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diez céntimos

30/10/2011

Sale del portal para cortarme el paso, debe de tener diecisiete años y una pupa bajo el labio, de su lado izquierdo.

– Por favor, ¿me puede dejar diez céntimos para llamar?

– ¿Diez céntimos? –respondo preguntando, mientras trato de hacerme verosímil una situación tan inesperada. ¿Será un juego, una apuesta que debe superar? ¿Tendrá de verdad calderilla y sólo necesita diez céntimos para la cabina? Pienso en todo y en nada, mientras sacó los diez céntimos y se los doy.

– Gracias.

Una manzana más allá se encuentra el cine. Tengo calor, hasta hoy no me había vuelto a poner la chaqueta y me sobra un poco. Andan por ahí Jaime Urrutia, Ariel Roth y el director del documental, una película imperfecta con un protagonista que, a pesar de los intentos de  completud, se escapa por un montón de costuras. Hubiera preferido oír más la primera persona, la voz cantante, y que se hubiese cedido menos espacio a tanta cháchara redundante y poco iluminadora. Tierno Aute, desde luego, y merecen ser degustados no pocos buenos momentos, pero uno vuelve a casa con la impresión de que sobran invitados y alguien se olvidó de traer mejores alimentos a la fiesta.

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