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matinal

13/10/2011

Mañana de mujeres parideras que exhiben a sus bebés por las calles como un trofeo. En esto se ha convertido Gràcia, en refugio de hijos de burgueses venidos a menos, de matrimonios de aquello que llamaban profesiones liberales y modernas ocupaciones diseñísticas. Pequeños budas saludables y cabezones en el trono del carrito, madres jóvenes que se pasan la mano por el pecho, alisándose imposiblemente la blusa, mientras se cruzan, aquí y allá, peatones con bicicletas. El sol se va encendiendo poco a poco, como una lámpara de gas. Luz de gas y un sendero de baldosas amarillas.

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